
Un nuevo fenómeno. Apareció hace pocos años este estilo de vida que es un revival contemporáneo del movimiento hippie de los 60. Los nuevos amantes de la naturaleza, lo alternativo, lo auténtico se han topado con una etiqueta que condiciona cada vez más sus capacidades de expansión: hipster.
Y no son los únicos. Todo lo que un día nació como algo nuevo acaba por convertirse en un corsé con capacidad de acoger y estrujar a multitud de jóvenes. Atrás quedaron los polos de Fumarel y las pulseras de cabos para desgracia de los pijos. Es como todo: llega alguien con un modo de vida diferente y atractivo y en seguida se le suman multitud de adeptos. Cuando pasa la moda solo algunos continúan con su modo de vida original. En estos derroteros encontramos a los heavys, con sus chupas de cuero gastadas del uso. La gran mayoría seguirá la corriente principal y sacrificará su fondo de armario a la nueva temporada de Zara; y a sí mismo como –fashion victim– víctima de la moda.
Ya he mencionado una marca que algunos conservarán en el imaginario y habrá quienes sigan usándola. Ya no existe, ¿por qué? En este mundo, quien no se adapta muere. La posmodernidad es la cultura imperante y el movimiento hipster busca ser la alternativa. Pero lo cierto es que esta suerte de vanguardia, en su peregrinación al Edén de la personalidad, ha acabado en los postes publicitarios de H&M.
Caso práctico: los hipsters (o hípsteres)
Esta canción de The Get Down explica de forma satírica el modo de vivir que cada vez más gente está tomando como propio. Basta dejarse una barba cuidadosamente descuidada, comprar prendas de ganchillo y hacerse con unas gafas de pasta a toda costa (aunque tras los cristales se esconda una vista que jamás conocerá las dioptrías) para que las señoras te miren con desprecio, desconfiadas conocedoras de la afición de los defensores de Mamá Naturaleza a coger de su despensa la mejor hierba; para que tus amigos no sepan si reírse de ti o copiar el estilo; y por supuesto, para que puedas hacerte un Tumblr conceptual en el que compartir las imágenes más rústicas que los filtros de Instagram hayan podido componer.
Un hipster se define porque huye de lo que es mainstream, es decir, intenta diferenciarse del resto de estilos en que nada les define. Pero esta premisa ha caído en el olvido, prueba de ello es que hasta El Corte Inglés saca una marca de ropa dedicada a este emergente sector de ciclistas urbanos.
Ahora llega Fundéu y propone adaptar el término “hipster” al español. Hípster, escrito en redonda, con tilde sobre la i y pronunciado con la h aspirada. Hípster (plural, hípsteres) sería la adaptación al español de esta voz inglesa. Adaptar este término al español no es más que otro paso en la adaptación a la sociedad de masas de un género que jamás quiso tener nada que ver con ninguna otra corriente. Ya lo dijo Marshall McLuhan hace tiempo: «first we build the tools, then they build us». La tendencia a encorsetar los estilos de vida, a borrar la personalidad de todos nuestros hábitos y traspasarla a los productos que nos ofrecen las marcas han hecho que lo hipster ya sea mainstream. Eso y el postureo.
Por @pfaraluce



