Unos cuantos afortunados pudimos pasar la Semana Santa en Roma, participando un año más en el Foro UNIV, un encuentro universitario internacional que lleva celebrándose en esta ciudad casi cuatro décadas y que reúne a gente de varias decenas de países.
El primer evento en el que participamos fue la misa del Domingo de Ramos en el Vaticano, en la que tuvimos la oportunidad de ver al Papa, muchos por primera vez. El día siguiente estuvo marcado por la Basílica de San Pedro, ya que visitamos los «escavi vaticani» -las excavaciones hechas debajo de la Basílica el siglo pasado y en las que se encontró la tumba de San Pedro- por la mañana y aprovechamos para quedarnos dentro y visitarla por la tarde, ahorrándonos hacer la inmensa cola que permanentemente había a la entrada. Probablemente Pablo podría haberla evitado, pero no todos nos sentimos capaces de seguirle. Digno de mención fue la subida a la cúpula, desde la que Sikai, con un buen objetivo y una mano rápida, consiguió capturar a Benedicto XVI de vuelta a su casa tras lo que parecía un paseo.
El martes lo dedicamos al Foro UNIV y aunque ninguna de las ponencias que expusimos ni el vídeo que mandamos tuvo ningún premio, al menos comprobamos que dimos la talla… si bien es cierto que los ganadores de cada una de las modalidades pusieron el nivel muy alto. Para el año que viene el tema es la familia: ya están comenzando a trabajar las neuronas.
Al día siguiente, justo antes de comenzar el Triduo Pascual, asistimos a la audiencia con el Papa, algunos más cerca y otros más lejos. Y por la tarde pudimos estar de tertulia con el Padre.
Los Museos Vaticanos no defraudaron, aunque como siempre, la lástima es que sólo pudimos dedicarles una mañana: guiados por la experiencia de Juan y los papeles de Santi disfrutamos aún más de las maravillas que allí se exponen, entre ellas, la escultura del Laoconte y sus hijos, las Estancias de Rafael y la famosísima Capilla Sixtina. Este año no nos echaron de esta última. Culminamos el día asistiendo a los Oficios en Santa María sopra Minerva, el único exponente de auténtica arquitectura gótica de esta fabulosa ciudad, y con una buena pizza en un lugar escogido por Alonso, antiguo colegial del Mayor que vive en Roma desde hace un par de años.
El resto de basílicas mayores de Roma las vimos el viernes, y necesitamos ser ágiles, sin duda, porque era mucha «materia» para tan poco tiempo. De hecho, alguno se nos quedó por el camino, aunque hubo final feliz.
Sin embargo, la joya de la corona fue la Vigilia Pascual en San Pedro: tras una cola interminable en la que Lowi llegó a intimar con carabinieris, diversas clases de monjas y múltiples personas más, conseguimos acceder a la Basílica en la que una vez más Pablo, nos había reservados unos sitios estupendos. Sobre la impresión de la ceremonia no vamos a poner nada: hay que estar allí para vivirlo. Eso sí, ver pasar al Papa a un metro ayuda.
El rato que quedó el domingo antes de irnos nos sirvió para asistir a la bendición Urbi et Orbe del Papa, que sólo imparte el Domingo de Resurrección y el día de Navidad, y para comprar algunas cosas para casa: colombas, huevos de pascua y pasta. El exhaustivo análisis de mercado de nuestros ingenieros mayores ayudó a ahorrarnos unos euros y a continuar maltratando nuestro cansado calzado.
A la vuelta ya hablábamos de cómo organizar con tiempo la edición del 2016, porque a ninguno de los que fuimos nos quedó ninguna duda de que hay que volver. Y tú también cabes.







