Javier Fumero (@javierfumero), Director de El Confidencial Digital, nos contó el sistema de funcionamiento de este medio en la tertulia del pasado jueves 11 de abril. Tras 10 años trabajando en este confidencial, lidera una plantilla de jóvenes periodistas interesados en publicar las noticias que de verdad importan. Adelantan primicias en exclusiva, investigan sobre asuntos delicados que se han de contar con discreción y denuncian casos que otros medios de comunicación, por servidumbres de diverso tipo, no quieren investigar.
-¿Cómo se ganan los periodistas las fuentes de las que obtener información?
«Muchas de las fuentes son gente difícil de tratar y con métodos de trabajo singulares. Los periodistas que investigan estas noticias tienen que tratar con todo tipo de personas: desde cargos políticos, pasando por empresarios, miembros de los GEO y de fuerzas de seguridad… Algunas veces el periodista tiene que «jugarse el pellejo» para obtener una buena exclusiva.»
-¿Qué les exige a la hora de publicar?
«Como a cualquier otro periodista, hay que pedirles honradez, seriedad y veracidad. Lógicamente, antes de publicar un artículo, hay que contrastar las fuentes de las que hemos obtenido la información o el chivatazo.
Muchos de los que nos dan pistas buscan encender la mecha de una bomba que va a armar revuelo, bien por venganza, bien por sentirse con poder o por denunciar algo que la sociedad debe conocer. Nosotros también valoramos si lo que estamos contando puede dañar a alguien: con experiencia puedes discernir si aquello debe publicarse o no.»
-¿Cuál ha sido el mayor bombazo que han publicado en su periódico?
«Hemos tenido de todo; desde casos relacionados con la política, la corrupación, los diarios nacionales o la monarquía hasta asuntos sorprendentes, como algunos incidentes sorprendentes que sucedieron en un aeropuerto internacional.
El primero de ellos fue que una rueda de un avión de carga se desmontó de su engranaje y comenzó a rodar por la pista de aterrizaje ante el asombro de los pilotos, que no daban crédito a semejante descuido. Habría que imaginarse la situación de un piloto que va a despegar y se encuentra con una rueda de más de 100 toneladas campando a sus anchas por el aeropuerto…
El segundo de ellos, y quizá más espectacular, sucedió en una maniobra de aterrizaje. Estaban una docena de aviones esperando su turno para aterrizar en el aeropuerto, cuando irrumpió en la línea común otro avión de una línea low cost que exigía permiso para tomar tierra antes que todos los demás.
Se produjo una tensa espera, pendientes del Mayday del avión de low cost que había maniobrado así para ahorrar en combustible. Todo terminó con una gran ovación interna del resto de pilotos, que escucharon atónitos la discusión y se alegraron con el desenlace más justo: no hubo prioridad para el avión, que tuvo que volar a otro aeropuerto. La noticia sirvió para mostrar a la sociedad ciertas prácticas dudosas; la denuncia consiguió su objetivo.»




