Media maratón de Madrid: «Pensé que sería un suave paseo cuesta abajo…»

«Todo empezó por algunas conversaciones en la Facultad con Rubén, Jaime y Javi sobre el reto de correr la media maratón de Madrid. Tras la apuesta de rigor quedamos un grupo de siete universitarios en la plaza del Ángel Caído, en el Retiro en la mañana del domingo 7 de abril; no faltaron llamadas de última hora: «oye, al final no puedo»; «si veis que no estoy, no me esperéis»…


A las 09.30 del 7 de abril Jaime, Rubén y yo comenzábamos la media junto a un grupo de la Brigada Paracaidista, a los que fuimos siguiendo el paso desde la salida hasta Plaza de Castilla.

Los primeros tres kilómetros comenzaron con flato; después la cosa mejoró y pudimos seguir más holgadamente a la Bripac, que corría en perfecta formación militar, al mismo paso, y cantando marchas militares que escuchamos con gusto.
La cuesta de Bravo Murillo al final se hizo ardua, pero mucho menos que los pequeños repechos de Pío XII y Príncipe de Vergara: íbamos mentalizados con el hecho de que pasadas las torres Kío serían doce kilómetros de un agradable paseo cuesta abajo. Nos equivocamos…

En el segundo paso por la calle de Diego de León (eché de menos a mis compañeros colegiales animando) comenzó a sonar el Messiah de Handel. Son esos momentos en los que sin querer aligeras el paso y te creces, sin saber que aún te quedan 7 km y llevas noventa minutos corriendo.
No sabíamos que faltaba toda la vuelta al Retiro bajando hasta Atocha, subir por Alfonso XII después y seguir por Alcalá para entrar finalmente en el Parque por el Paseo de Carruajes. En estas últimas cuestas perdimos de vista a Jaime, la gente se iba quedando, solo se oían respiraciones agitadas y veíamos cómo muchos se iban retirando…

Desde luego, no faltó un último apretón final para entrar con buen sabor de boca por la meta saludando a las cámaras… Realmente, cuando nunca has corrido estas distancias no eres consciente de lo que implican hasta que te detienes en la meta y te dan un Gatorade y unos pistachos. Con los músculos agarrotados, empiezas a notar el frío.
Entonces intercambias impresiones sobre la carrera y descubres que es mucho mejor correr en equipo que hacerlo solo. Después decidí regresar al colegio, y pensé en volver haciendo jogging (total solo estaba a 3 km); pero al recorrer los cien primeros metros, deseché la idea por improcedente y cogí un autobús con calefacción que me dejó en la puerta del colegio…

En las siguientes horas la sensación principal es de hambre, confusión y una relajación cerebral solo comparable a dos semanas de vacaciones en Canarias. Y al día siguiente no faltó una buena dosis de agujetas que me acompañaron franternalmente durante dos días en las piernas, la espalda y los brazos.
En 2014 planeo volver y bajar mi marca. Espero que mis compañeros de Facultad no se asusten a última hora; y que los del colegio mayor salgan a animarme…»

Josemaria Orduña Méndez, estudiante de cuarto curso de la Licenciatura en Farmacia en la Universidad Complutense de Madrid

 

 

2013-04-22T16:18:14+00:00 22 de abril de 2013|